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Barcelona tendrá siete narcosalas nuevas en el 2010

Gràcia, Sant Martí y Les Corts serán algunos de los distritos que contarán con instalaciones para la venopunción asistida

Barcelona dispondrá el año que viene de siete nuevos servicios de venopunción asistida distribuidos por toda la ciudad. En concreto, se abrirán tres narcosalas en otros tantos puntos de Gràcia, Sant Martí y Les Corts y se ampliarán y adecuarán para que puedan actuar como narcosalas las instalaciones de cuatro centros de atención sociosanitaria ya existentes y en los que se prestan servicios destinados a personas drogodependientes, como la distribución de metadona.

2/12/2009

El anuncio de la próxima apertura de las nuevas narcosalas lo hizo la concejal de Ciutat Vella, Itziar González, poco antes del inicio de la sesión plenaria del distrito. En este órgano de gestión descentralizada del Ayuntamiento de Barcelona, así como en las audiencias públicas, es frecuente que los vecinos del Raval expresen sus quejas por el impacto que la narcosala Baluard tiene en el barrio.

El otro servicio de venopunción que se ubica en el Raval, en concreto el de Peracamps, gestionado por la Creu Roja, se trasladará al CAP de la calle Rec Comtal, en el barrio de Santa Caterinai Sant Pere, aunque ayer la concejal de Ciutat Vella precisó que este servicio no se abrirá hasta que estén desplegados el resto de equipamientos de las mismas características previstos en Barcelona.

Por lo que respecta a la narcosala de Baluard, Itziar González señaló que por ahora no están previstos cambios.

Las siete narcosalas se sumarán a las que ya están en funcionamiento en la ciudad: el citado equipamiento de Baluard, el de la residencia sociosanitaria de Valld'Hebron –que en su día también fue motivo de movilización vecinal–y la unidad móvil de la Zona Franca.

Además, la ciudad cuenta con una treintena de centros públicos y privados de asistencia y seguimiento de drogodependencias.

Cuando se abran las dependencias anunciadas, el Ayuntamiento de Barcelona se aproximará al cumplimiento de su vieja promesa de ubicar este tipo de equipamiento, uno de los que más rechazo vecinal provocan, en los diez distritos de la ciudad.

Esta promesa ha sido incumplida en anteriores ocasiones, a veces por la oposición practicada por los propios concejales de algunos distritos que, temerosos de los recelos que las narcosalas levantaban en sus respectivos territorios, movieron cielo y tierra para impedir su instalación.

El anterior Plan de Drogas expiró sin que se construyeran los centros previstos en Nou Barris y entre el Eixample y Sant Martí.