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Ejecución penal y jóvenes: La importancia de adaptarse a los cambios

Por Manu Izquierdo, coordinador del programa "Impuls Jove" de Fundación Salud y Comunidad e integrante de la Comisión de Adicciones y Justicia Penal de UNAD

Foto de Papaioannou Kostas vía Unsplash

El ámbito de la ejecución penal con jóvenes está cambiando desde hace tiempo. Ese cambio tiene que ver con la entrada en escena de jóvenes emigrantes no acompañados que han pasado a ser mayores de edad pero que hace poco tiempo eran etiquetados de forma cuestionable con el término “MENA”. Estos jóvenes han pasado de ser “niños en peligro” que estaban “protegidos” por la administración a ser “niños peligrosos” que pasan a estar tutelados por el Departamento de Justicia. Esto les hace pasar directamente de adolescentes a personas adultas y, en consecuencia, en la práctica observamos que en la mayoría de los casos nos encontramos con jóvenes con una edad emocional todavía inmadura que les impide poder afrontar su proceso penitenciario con garantías de éxito.

Estos jóvenes, en una inmensa mayoría procedentes de Marruecos y Argelia, llegaron a nuestro país poniendo en riesgo su vida y siendo la mayoría de ellos todavía niños, para luego compartir dificultades con su grupo de iguales en el Centro Penitenciario de Jóvenes.  Dicha problemática no difiere de la sus colegas de centro. Nos referimos, en algunas ocasiones, a una problemática en adicciones, a dificultades en la gestión de conflictos, a inseguridades o dificultades con la integración del límite. No obstante, la particularidad de los jóvenes emigrantes no acompañados radica en la soledad y el desamparo real y simbólico que sufren tanto en el proceso penitenciario como una vez comienza el proceso de salida al medio abierto. Es aquí donde como profesionales podemos y debemos dar un paso adelante en materia de inclusión.

Los jóvenes extranjeros no acompañados son un grupo de personas triplemente vulnerable: son jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años, son extranjeros y además no tienen un referente familiar en el territorio. En los últimos tiempos y con el aumento cuantitativo de este tipo de menores en el territorio español se ha producido un incremento de la criminalización que reciben por parte de la sociedad. El señalamiento público de estos jóvenes, especialmente una vez alcanzan la mayoría de edad y son expulsados del sistema de protección de menores, requieren de una reflexión y sobre todo, lo más importante, pasar a la acción para poder dotarles de las herramientas necesarias para su devenir, a poder ser en el país que han escogido para labrarse un futuro.

Por ello, nuestra mirada como profesionales debe incluir un enfoque múltiple que preste especial atención a sus  particularidades. Es clave tener en cuenta aspectos como la  multiculturalidad, los procesos migratorios no resueltos, la ausencia de referencia familiar en el territorio, la perspectiva legal a nivel de documentación así como la inclusión de la perspectiva de género en el diseño de las estrategias de intervención.

El compromiso a largo plazo para ofrecer alternativas reales,  debe involucrar a toda la sociedad y para ello necesitamos recuperar el tejido social y el sentimiento de pertenencia.  Cuando un niño o niña  llega a nuestra ciudad, toda la ciudad debe hacerse cargo de él o de ella, es decir, es la comunidad la que debe hacerse responsable. Para ello,  se propone el reto de asumir la calle como un espacio de socialización educativa. Ahora, traslademos este discurso al ámbito penitenciario. Para lograrlo, es necesario implementar una “figura de referencia”, para esta juventud, donde la relación que se establezca sea el principal agente educativo, dotándoles de herramientas en base a la responsabilización, a la confianza, el sentido de pertenencia, la autoestima, el afecto y la aceptación de vínculos para construir su identidad.

Para concluir este artículo me remito al proyecto “Impuls Jove”[1] (Impulso Joven) que desarrollamos en Fundación Salud y Comunidad desde 2015 en el Centro Penitenciario de Jóvenes situado en La Roca del Vallés (Barcelona). El término “impulso” nos sugiere fuerza, movimiento, acción, estimulo, ímpetu, empuje, iniciativa. Se trata de significantes, con una fuerte carga que no podemos ni debemos disociar de la juventud y que, por lo tanto, nos debe hacer pensar en la importancia de invertir en recursos y acciones dirigidos a jóvenes que ya están con nosotros pero también a quienes que llegarán en un futuro.



[1] “Impuls Jove” nació con la misión del acompañamiento a jóvenes privados de libertad y a sus familias con el fin de mejorar su situación personal. La innovación del programa pivota en la metodología aplicada y en la posibilidad de realizar un acompañamiento terapéutico en paralelo tanto a jóvenes como a sus familias, ya sea en el momento del cumplimiento de la pena o en el proceso de inserción futuro una vez ya en medio abierto. Desde Fundación Salud y Comunidad dicha inserción se concibe como un proceso que no se reduce exclusivamente a la cuestión laboral y económica, sino que debe ir más allá e implicar a diferentes agentes sociales además de requerir un trabajo coordinado entre la administración (a nivel interdepartamental), las entidades del tercer sector y la sociedad civil. 

 

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